Escultura moderna del siglo XXI

Escultura moderna del siglo XXI

 

Presentación de la exposición “Materia, forma y espacio” inaugurada el pasado 11 de diciembre del 2022, María del Pino Fuentes de Armas (master en Gestión Cultural y Planificación) introdujo su presentación con la siguiente definición: Óscar Deluis: figura clave de la escultura del siglo XXI

Atrevimiento es la primera palabra que me surge ante la obra del icodense Óscar Deluis; atrevimiento y no por su parte sino por la mía, al aceptar poner la palabra ante la obra del que, sin duda, será conocido algún día como una de las figuras claves de la renovación del concepto de la escultura en el siglo XXI, y les aseguro que no exagero.

Mi afirmación, como toda conclusión final de un argumento, se basa en una serie de premisas que, a mi juicio, cumple de sobra el artista que hoy se desnuda ante ustedes mostrando varias facetas de su obra, en las que podemos encontrar cierto paralelismo con aquellos que le han precedido y en los que se inspira, todas grandes figuras del pasado siglo. Por citar algunos de sus referentes mencionaré a: Julio González, Andreu Alfaro, Alexander Calder, Umberto Boccioni, Eduardo Chillida, Picasso, Jorge de Oteiza, Óscar Domínguez, Henri More y Martin Chirino, pues sus vidas y formas de expresiones artísticas tienen varios puntos en común con Óscar Deluis.

Todos ellos realizaban sus creaciones partiendo del dibujo, dominando las técnicas de la pintura y dejándose seducir por el mundo de las formas. Óscar Deluis, se expresa también en las tres modalidades: con la tinta china en el caso del dibujo, los acrílicos en la pintura, y forja sus esculturas con hierro y acero corten.

Como en el caso de Julio González, su aprendizaje del dominio de la materia al servicio de la expresión comenzó en el taller de metalistería familiar, donde se hace difícil separar el materialismo del trabajo y la uniformidad de las peticiones de los clientes al tiempo que se encuentra el camino de la creatividad, pero mucho más lo es el buscar la belleza en la imperfección, el querer descubrir qué hubo detrás de la materia, de las cosas, el interpretar que ante todo lo malo puede haber siempre algo bueno, una dualidad que nos lleva a filosofar con principios del taoísmo y otras corrientes.

Al igual que hizo Julio González en su proceso de creación, Óscar Deluis va dejando la pintura al borde del camino, para buscar en la escultura el vehículo de comunicación con los públicos, permanentemente influido por la herencia y la modernidad de todas estas figuras totémicas del arte que caminaban entre el cubismo y la abstracción. Imposible no estarlo, ya que todas ellas han sido fundamentales en la renovación del arte en el pasado siglo XX. En esto, también, hay una semejanza con Henry Moore que se caracterizó por estar influenciado por diversas corrientes artísticas, desde el arte renacentista a las corrientes victorianas, para finalizar en la modernidad.

Con Eduardo Chillida, el arquitecto del vacío, hay puntos de coincidencia en el arte de observar la naturaleza, en el equilibrio que éste logró con sus obras, en la conexión de rectas y curvas, y de sus esculturas en exposición pública en diferentes países del mundo. Y ahí es donde quiero ver algún día a Óscar Deluis, en las calles, en lugares plurales que permitan conocer y sentir la pasión que pone en sus obras. ¿ Y por qué no en alguno de los grandes museos de arte moderno que están pergeñados de cuadros escultóricos de gran formato?, de esos que nos permiten buscar no tanto el detalle minimalista, como el desear entrar en ellos para empujar y abrir la puerta a nuevas experiencias, para aquilatar la fuerza, la simbología que desea trasladar el artista, ese conjunto de percepciones visuales que nos conducen a la introspección, a la búsqueda de nuestra verdad, casi como si se parara el tiempo…

Así, las obras de Óscar Deluis se levantarán como monumentos en los espacios, interpelando nuestra esencia como mortales, porque su estilo y sus formas impredecibles dan vida a esculturas donde el alma humana se resiste a la muerte. Son obras que intentan moverse en esa lucha interna que existe entre el ser y no ser, entre la nada y el todo, entre la belleza y el vacío, entre la incertidumbre y la certeza de un sentimiento puramente humano.

Óscar Deluis se busca a sí mismo y para ello moldea la materia, la siente mutando entre sus manos, da igual el procedimiento utilizado, hay belleza en una soldadura, en el ensamblaje de piezas, en el equilibrio de las formas, en el daño del anaranjado del óxido y hasta en el pulido final.

Cada pieza, cada cuadro, cada dibujo, es producto de la observación, de la genialidad, pero también de ese “regusto” por conceptos como el equilibrio, la fuerza, incluso la simplicidad, de ese “todo” que hace de cada una de sus creaciones una obra única.

Estimado Óscar, hablando contigo he descubierto a un chico de la calle de San Antonio, de esos jóvenes que han crecido oyendo el siseo de las tablas de San Andrés sobre el empedrado, pero he intuido en cada palabra que usabas para describir tus creaciones, que tienes claro el objetivo de artista, ya que persigues con ellas el invitar al espectador a que pare su tiempo, a que reflexione en positivo, a que escoja el equilibrio como la senda correcta para andar por la vida, una vida a la que has decidido – hace apenas un par de años-, mostrar todo el talento que llevas dentro.

Señoras, señores, algún día recordarán mis palabras, son un sencillo tributo para un artista que tiene ante sí un gran futuro, ¡eso espero!, y al que en años estudiarán las nuevas generaciones como un icono del arte en el siglo XXI.

Estás en el camino correcto Óscar, y recuerda la frase de Walt Disney: “Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir” ¡Sigue subiendo, imparable, y gracias por dejarme poner una escalera de palabras en este acontecimiento de hoy!

María del Pino Fuentes de Armas

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